
La hija de Euristeo, Admete, quería la faja de Hipólita, reina de las Amazonas, un regalo de su padre Ares. Para satisfacer a su hija, Euristeo ordenó a Hércules recuperar la faja como su novena labor.
Tomando una banda de amigos con él, Hércules zarpó, deteniéndose en la isla de Paros, habitada por algunos hijos de Minos. Los hijos mataron a dos de los compañeros de Hércules, un acto que le alborotó. Mató a dos de los hijos de Minos y amenazó a los habitantes hasta que ofrecieran a dos hombres para reemplazar a sus compañeros caídos. Hércules aceptó tomar dos de los nietos de Minos, Alceo y Esténelo. Continuaron su viaje y desembarcaron en la corte de Lico, a quien defendió en batalla ante el rey Migdón de los bebricios. Tras matar al rey Migdón, Hércules entregó parte de la tierra a su amigo Lico. Lico llamó a la tierra Heraclea. La tripulación zarpó a Temiscira, donde vivía Hipólita.
Todo habría ido bien para Hércules si no hubiera sido por Hera. Hipólita, impresionada por Hércules y sus hazañas, accedió a entregarlo su faja, habiéndolo hecho si Hera no se hubiera disfrazado y caminado entre las amazonas plantando la semilla de la sospecha. Afirmó que los extranjeros planeaban llevarse a la reina de las amazonas. Alarmadas, las mujeres salieron en caballo a enfrentarse a Hércules. Cuando Hércules las vió, pensó que Hipólita había estado pensando traicionarle, nunca queriendo dejarle la faja, por lo que la mató, tomó la faja y volvió con Euristeo.
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